martes, 15 de septiembre de 2015

"RABIETAS Y PERRAS": ESAS CONDUCTAS INCOMPRENDIDAS DE NUESTROS HIJOS II


Helena Provencio Díaz - Psicoterapeuta infantil y adolescente



Durante y después de la rabieta

Antes de enumerar de forma práctica algunas pautas que podemos seguir durante y tras las rabietas de los más pequeños, me gustaría volver a recalcar algunas cosas que son más importantes que cualquier receta frente a las comentadas “perras”.

Los niños, como los mayores, necesitan descargar sus sentimientos acumulados para mantenerse sanos. Así como la alegría o el llanto son necesarias para crecer, también lo son los berrinches. No podemos evitar que nuestros hijos sufran o lo pasen mal, pues el dolor o la frustración forman parte inseparable de nuestra vida. Más tarde o más temprano deberán conocerlos. Y si pueden hacerlo de nuestra mano mucho mejor. Como padres, debemos ayudarles a comprender sus estados internos contradictorios, contenerlos con nuestro apoyo y confianza, pero no evadirlos.

Como la última película de Disney (Del revés) pone de relieve, los niños deben empezar a familiarizarse con las emociones básicas y aprender que no siempre se puede estar alegre y feliz y poseer todo lo que se desea. La vida también tiene momentos de tristeza, de miedo, de asco, de ira, y no por ello es menos bella. Acompañarles comprensivamente cuando experimentan toda esta amalgama de sentires, buenos o malos, les ayudará a conocerlos y a manejarlos desde una posición menos impulsiva y frustrante.

Durante la rabieta

Teniendo lo anterior siempre en mente, hay algunas cosas que podemos hacer cuando la rabieta ya se ha desencadenado:

1.     Mantén la tranquilidad y proporciona un ambiente calmado. No olvides que el adulto eres tú. Trata de no perder el control a pesar de que el niño esté descontrolado, chille o se tire por el suelo. Ante tus nervios, tus amenazas o tus gritos él reaccionará más negativamente. Sentarte a su lado y esperar sin decir nada puede ser la mejor opción pues en esos momentos, el niño es incapaz de escuchar argumentos o atender a razones.

2.     Aunque la rabieta se prolongue o te encuentres en un lugar público, no cedas o negocies con el niño en ese estado, si es NO la primera vez, también lo es la veinte, aunque deberíamos procurar no tener que repetirlo más de tres. Si cedes estarás sentando las bases de comportamientos futuros y enseñarás a tu hijo que, si monta una perra lo suficientemente grande, conseguirá lo que quiere. Siendo firmes y seguros conseguiremos disminuir sus rabietas y le enseñaremos a tolerar mejor la frustración.

3.     No ceder a las demandas del niño, no significa que ignores a tu hijo o dejarle sólo durante la pataleta. Si lo hacemos de forma continuada se corre el riesgo de aumentar más su rabia y su frustración o que se haga daño. Permanecer cerca del niño o en un lugar donde pueda vernos (sin que perciba que es el centro de nuestra atención), especialmente, si es muy pequeño, es la mejor opción.

4.     Si no estamos en casa, busca un sitio tranquilo (el coche, el baño,…) hasta que la rabieta pase.

5.     Intenta no centrarte en lo que los demás piensen, cualquier padre o madre se ha enfrentado alguna vez a una situación semejante.

6.     Intenta distraer la atención del niño hacia actividades que le gusten u ofrécele alternativas realistas, si es que es posible.

7.     Si se está dando golpes por el suelo o rompiendo cosas cógele y abrázale con fuerza para contener toda su rabia y que sienta que, a pesar de todo, estás con él. En un momento donde las palabras ya no sirven, sólo nos queda la comunicación más primaria, el cuerpo a cuerpo que le contiene y le ayuda a sacar su agresividad de forma controlada. Nuestro cuerpo hace de dique o límite para enseñarle que hay alguien fuera que les protege.

8.     Explica al niño cómo te estás sintiendo con su comportamiento y que no va a conseguir lo que desea de esa forma, pero no se lo repitas una y otra vez.

9.     Se firme y consistente en relación a lo que esperas de él/ella en ese momento y lo qué no vas a consentir. No hace falta repetir la cosas mil veces ni gritar, los niños saben perfecta e intuitivamente interpretar un tono de voz, una frase explícita y una mirada que no dejan lugar a dudas: “Puedes ponerte como quieras, pero hoy no podemos llevar la bici a la calle porque está lloviendo y está todo embarrado”.

10.   No sientas demasiada alarma si se queda sin respiración durante la rabieta. Respirará de nuevo de forma automática.

Después de la rabieta:

1.       Una vez que la tormenta haya pasado, trata de reconfortar al niño y ayudarle a que se termine de calmar. Que sienta que a pesar de todo le quieres y que siempre estarás ahí para ayudarle.

2.       No hagas bromas o castigues al niño, ni le recuerdes una y otra vez lo mal que se ha portado. Y en su presencia evita contar a los demás los detalles sobre el episodio.

3.       Procura reforzar sus comportamientos positivos y sosegados con frases como: “qué bien que estés así de tranquilo, ahora podemos ir al parque y pasarlo bien”.

4.       Explícale de forma sencilla lo que ha ocurrido utilizando un lenguaje apropiado para su edad. Aunque los niños pequeños no puedan hablar todavía, es trascendental que los padres les hablen mientras les dan de comer, les visten, juegan o interactúan con ellos, o que verbalicen su frustración y sus sentimientos. Por ejemplo podemos decirle: “estabas muy enfadado por que tenías mucha hambre y la comida tardaba mucho en llegar”.

5.       Enséñale otras formas de manejar el enfado y la frustración, por ejemplo alentándole y ayudándole a aprender las palabras que expresan sentimientos y a hablar de ellas.

6.       Si tiene edad para ello (3-4 años), dile que si en vez de llorar y tirarse al suelo te intenta contar qué le pasa o qué quiere, podrás entenderle mejor que si está gritando y pataleando. Y eso no significa que vayas a darle lo que te pide o que consientas todos sus caprichos. Poco a poco irá asumiendo que a veces lo que pide no es bueno para él y que tu trabajo como padre es no dárselo.

7.       Procura ir poco a poco dándote cuenta de cuáles son los desencadenantes más habituales de las rabietas en tu hijo. Así podrás anticiparte y frenarlos antes de que ocurran: si sabes que cuando tiene hambre se pone muy pesado, lleva alguna fruta o aperitivo contigo que le mantenga hasta llegar a casa a comer.

8.       Presta atención a las posibles señales de mayor estrés. Aunque las rabietas diarias son perfectamente normales en la etapa de los dos o tres años, reflexiona sobre lo que está pasando en casa o en vuestro entorno cercano. ¿Habéis estado muy ocupados últimamente? ¿han habido discusiones en casa u otros eventos fuera de la normalidad?.

9.       Se un buen modelo tratando de manejar tu propia frustración o enojo de forma tranquila. Ya hemos anunciado más arriba que la principal forma de aprendizaje de los niños es copiar el comportamiento de sus adultos de referencia. Ellos imitan lo que ven.
 

Acudir a un psicólogo o psicoterapeuta infantil si:

·         Las rabietas empeoran y son más frecuentes después de los 4 años (4 o más al día) y no se consiguen reducir a pesar de seguir las pautas recomendadas.

·         El niño se hace daño a sí mismo o a otros y destruye cosas durante las rabietas.

·         Junto a las rabietas, aparecen pesadillas, problemas de sueño y/o alimentación, retroceso en el control de esfínteres, dolores de cabeza o abdominales, falta de cooperación en las rutinas habituales de su edad (vestirse o desvestirse, comer, recoger los juguetes,…) o hay excesiva ansiedad de separación hacia los padres. 

·         Las rabietas surgen en contextos diferentes al de casa (en el colegio, cuando está al cuidado de otras personas…).

·         Sientes que tienes muchas dificultades para manejar las rabietas de tu hijo y piensas que podrías hacer algo que le haga daño.

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